Los años de miseria y soledad
Henry Dunant, como ha ocurrido con muchas grandes figuras, vivió en la miseria durante muchos años, errante de ciudad en ciudad y enfermo. Su único consuelo era ver que la Cruz Roja crecía a grandes pasos. Sus ideas ya habían salvado miles de vidas. Uno tras otro, los países organizaban sus propias Sociedades Nacionales y empleaban los años de paz en preparar la asistencia a los heridos de los ejércitos en campañas.
La bandera de la Cruz Roja comenzaba a ondear en muchos campos de batalla, convirtiéndose en un emblema conocido; grupos de enfermeras diplomadas y camilleros, junto con suministros y socorros médicos iban detrás de cada ejército en marcha. En 1876, Turquía adoptó el símbolo de la Media Luna Roja en vez de la Cruz Roja: la Media Luna Roja que se extendería a lo largo de los
países musulmanes de todo el mundo.
Dunant vivió en Heiden, pueblo situado al este de Suiza, casi en el olvido total.
Los últimos años
Así hubiera seguido hasta el final de sus días, si en 1895 un joven periodista no se hubiera dedicado a escalar las montañas próximas al poblado. Charlando con la gente del lugar supo que el fundador de la Cruz Roja vivía en el hospital del pueblo, y como buen periodista concertó una cita y lo entrevistó.
Más de 30 años habían transcurrido desde la publicación de Recuerdo de Solferino,pero el público lo recordó. El artículo de este periodista, llamado Baumberger, provocó una respuesta abrumadora. Dunant comenzó a recibir cientos de cartas y muchas visitas de viejos conocidos; las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja del mundo entero le rindieron homenaje.
Finalmente, en 1901 se acordó entregar a Henry Dunant el reconocimiento internacional más importante en mérito a sus obras: el Comité del Premio Nóbel le concedió el primer Premio Nóbel de la Paz, en unión de Fréderic Passy, por
quien Dunant sentía gran respeto.
Jean Henry Dunant murió a los 82 años, el domingo 30 de octubre de 1910.
Del hombre peculiar de Ginebra, cuya visión casi fue demasiado grande para su propio bien, nació un movimiento que hoy se extiende por todo el mundo, que ha llegado a millones de personas y que presta socorro por igual a civiles y a militares: una realidad aún más poderosa que el sueño de Dunant.
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